I Carta a Alma: Sobre cómo lancé mis recuerdos en la hoguera.

Alma querida:
Hoy, mientras la luna imponía gradualmente su presencia, y frente a ella, queriendo yo que fuese mi testigo, encendí bajo su luz una hoguera, y en ella vertí, todo lo que arrastré del pasado...

Alma mía, y mientras lo hacía, mis ojos se llenaron de lágrimas, y cada lágrima cargaba una gran pena, al ver todo lo que atrás había quedado. No busco responsables, ni menos aún culpables, solo busco hacerme libre, y descansar...
La hoguera estaba lista, la luna como testigo me observaba, y en una caja estaba lo que desde ese minuto alimentaría las llamas que como brazos se alzaban... y comencé mi rito: abrí la caja, y de a uno, comencé a sacar cada cosa, y con suma delicadeza, las deslicé sobre las flamas: las palabras que tenía por decir y que por cobardía callé y escondí; las cartas, los lugares, y los poemas que escribí; los recuerdos, las promesas, mis llantos nocturnos y mis pensamientos; los te quiero, los hasta siempre, las caricias y los besos; lo que hice y lo que no, por culpa de mi temor; las canciones, los regalos, los aromar y mis cigarros; las voces, las playas, las cervezas y los gatos.
Alma amiga: no sé si habré quemado todo, lo que si sé, es que deseo que mis lágrimas se sequen, y que algún día pueda encontrar la valentía que perdí, y la paz que no he podido hayar.
Ruega por mi, Alma, y que tu compañía me abrace y me aliente como siempre,pues yo te necesito hoy como nunca.

1 comentarios:

Francisco Álvarez dijo...

Se libre, !!! Libre !!!!
Como la luna lo es en Lunada.
Tu alma jamás te dejará.

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